Hace mucho tiempo, TVE ponía al finalizar su emisión un reloj enorme, con una sintonía de fondo. Era este tiempo pasado en el que el día terminaba y empezaba la noche. Todo se paraba. Los vecinos dormían. Las calles entraban en un corto letargo, interrumpido solo por el silbido del basurero avisando al conductor para que siguiera la ronda. Y el reloj de la pantalla marcaba cada segundo hasta despuntar el día, con aquella música si fin. Esa sintonía que quedó grabada nota a nota y acorde a acorde la he tocado incontables veces. Me sabía de memoria sus giros, modulaciones… en fin, todo, menos su autoría y título. Hoy, por uno de esos milagros, la he escuchado en una película: “Más extraño que la ficción”. Cuando al final de la misma escuché la primera nota (ojo… ¡la primera nota!) supe que era ella. Esperé a los títulos de crédito y… voilà! Apareció su título y después di con el autor. Se trata de “Le petite fille de mer” de Vangelis.

Mira por dónde, después de tantos y tantos años, di con ella.