Desde hace unos años, pocos, he empezado a tener vértigo a las alturas. Es una sensación que me encanta. No sé qué sustancia se produce ni en qué glándula, pero lo cierto es que mi cerebro adora esa sensación. Tanto que de vez en cuando me subo a mi escalera (la pequeña que tengo para alcanzar los libros de la pequeña biblioteca) para provocarlo.
Casi siempre utilizo los sueños para, de una manera inconsciente, llegar al vértigo: en la azotea más alta, la gárgola de una catedral, el borde de un precipicio… Hace un año, en Italia, mi amiga Giulia me llevo a una “garganta” natural en donde me quedé al borde durante unos segundos para que mi cerebro lo memorizara y me llevara en sueños a ese punto. Y ha sido así más de una vez.
Pues bien. Hoy he tenido lo que podríamos llamar, vértigo universal. O cósmico. O infinito. Os explico: He visto en sueños la tierra girar en derredor del sol. El vértigo ha sido descomunal. ¿Quién nos sujeta? ¿No nos caeremos nunca? La impresión de vernos solitos dando vueltas, y cayendo en un vacío interminable ha sido genial.
Quiero volver a soñar eso.
¡Quiero más vértigo!
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¿Quién no ha quedado alguna vez en la portada de la Feria? Pues allí estaré este año también. Justo allí: en la portada. A mano derecha. Como estos últimos años.
Así que…
¡¡En la portada nos vemos!!
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Seguramente a todos nos pasa lo mismo: Un montón de cintas de caset que ya no escuchamos. Me encantaría tener valor para tirarlas y hacer sitio en el estudio pero… es que me da mucha penita.
Tantos años conmigo…
…aunque no las escuche.
Tch
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Mi vecino el de arriba pertenecía a un club bastante selecto. De esos que leen cosas raras (ellos lo llaman cosas interesantes) visten bien, tienen coches de superlujo, andan en compañías deslumbrantes… en fin, ese tipo de sociedades bastante atractivas que te otorgan ciertos privilegios: Ponerte el primero en la cola de los supermercados, tener los mejores sitios en los actos sociales, conocer a gente increíble etc…
Nunca se vanaglorió ni se jactó de ello, pero era la envidia de todos. Claro, para pertenecer a ese club, tenía que ser una persona especial. Y él lo era.
Un buen día, por motivos familiares, dejó de acudir al club, y más tarde, a pagar las cuotas. Evidentemente, todo tiene un precio.
Ahora, no es tan especial. Espera la cola en supermercados, se queda al final de la muchedumbre en los actos sociales y sus amistades son… bueno. Igual que él. Le han quitado los privilegios.
Tch. Me caía bien mi vecino.
Le voy a pedir el carnet antiguo, por ver si lo puedo falsificar.
Así no tendré que esperar colas, iré a la ópera y conoceré a gente increíble.
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…pero no para” decía un viejo amigo. La verdad es que llevamos un año “que pa qué”. No está clara la cosa, pero al menos un respiro me dan. He de orquestar catorce temas de copla. De las de antes. Solano, Quiroga, Mostazo etc…
Menos mal que me gusta la copla. Me llegan a encargar arreglos de reggaeton y me da algo malo. Aunque los jornaleros de corcheas estamos para eso y más.
Nada. Seguimos para bingo.
“…y un rojo rojo clavé y un clavé…”
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Me levanto y lo primero que hago es, como cada año, poner “La Pasión según San Mateo” de nuestro querido “abuelo peluca”. Bach, para los menos iniciados.
La estación de ayer, a pesar de las “bajas”, fue una de las más bonitas que recuerdo en los últimos años. Menos dura y con menos “parones” que las anteriores, aún conservo en mi retina el paso por boteros hasta la plaza. Maravilloso. Parece que vamos aprendiendo: ni un aplauso en las saetas. El silencio sepulcral. Siempre se me antoja como una “cremallera de silencio” que va cerrándose al paso.
Eso sí. Faltó quien faltó. Nada. El año que viene.
Por lo pronto, me voy. Salgo fuera. AIRE
AIRE
Condió
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