Esos pequeños milagros

Hace mucho tiempo, TVE ponía al finalizar su emisión un reloj enorme, con una sintonía de fondo. Era este tiempo pasado en el que el día terminaba y empezaba la noche. Todo se paraba. Los vecinos dormían. Las calles entraban en un corto letargo, interrumpido solo por el silbido del basurero avisando al conductor para que siguiera la ronda. Y el reloj de la pantalla marcaba cada segundo hasta despuntar el día, con aquella música si fin. Esa sintonía que quedó grabada nota a nota y acorde a acorde la he tocado incontables veces. Me sabía de memoria sus giros, modulaciones… en fin, todo, menos su autoría y título. Hoy, por uno de esos milagros, la he escuchado en una película: “Más extraño que la ficción”. Cuando al final de la misma escuché la primera nota (ojo… ¡la primera nota!) supe que era ella. Esperé a los títulos de crédito y… voilà! Apareció su título y después di con el autor. Se trata de “Le petite fille de mer” de Vangelis.

Mira por dónde, después de tantos y tantos años, di con ella.

Otro cumpleaños

El mío no. El del blog. Tres añitos. Se da uno cuenta de lo rápido que cambian las cosas en la red por tonterías como ésta.

Y en la vida de uno, también.

Por cierto, que ya estoy escuchando a las figuritas del Belén, pegarle patadas a la caja.

Están loquitas por salir.

Felicidades

Hoy es el día de la Santa Cecilia. Esta noble romana del linaje de los Cecilios y emparentada con Metelos y Pomponios (por supuesto, nada demostrable) es la patrona de los músicos de los poetas y de los ciegos.

Es representada casi siempre con un organetto. Sospechoso. Aquí nos encontramos con una de las erratas más curiosas de la historia. Por lo visto se la representa así por uno de los códices en los que se canta: “canentibus organis, Caecilia virgo….” “Canentibus” como sinónimo de “cantantibus”. Pero por lo visto, en realidad era “candentibus organis”. Luego, en vez de ser instrumentos musicales, pasarían a ser instrumentos de tortura. ¡Caramba! ¡Qué coincidencia! ¡¡Como mi organetto!!

Sea como fuere, felicidades a todos mis compañeros, a los poetas y a los invidentes.

Lo celebro trabajando y me llevo mi instrumento de tortura a Nerva.

Ea.

Médicos sin fronteras

Mi “Chica” me manda este correo. Copio y pego:

Acaban de anunciar que, a partir de mañana, venderán en todas las farmacias de España unas pastillas muy especiales. Tan especiales, que en vez de curar a quien las toma, cura a millones de personas ajenas, olvidadas, que no pueden tomar las medicinas que necesitan.

Se llaman “Pastillas contra el dolor ajeno”. Os sonará a chino, pero es muy fácil: Médicos Sin Fronteras va a vender estas pastillas, al precio de un euro, para que, con la recaudación, se pueda tratar a millones de personas que sufren enfermedades olvidadas, como la enfermedad del sueño, el chagas, el sida infantil, el kala azar,  la tuberculosis, o la malaria. Son enfermedades que a nosotros no nos afectan, pero que en el tercer mundo causan estragos, porque las empresas farmacéuticas venden la medicación a “precio occidental”, lo que imposibilita recibir tratamiento a las personas pobres.

Así que, por 1 € os venderán seis pastillas (en realidad son caramelos  de menta) con las que ayudaréis a tratar a quienes no pueden pagarse  las medicinas.

Es un precio muy bajo a pagar, y nos lo ponen muy fácil: no nos piden que vayamos a África en una caravana solidaria, ni una mensualidad. Solo un euro. Menos que algunas chucherías. Menos que el autobús. Y podemos comprarlas en cualquier farmacia.

http://www.msf.es/pastillascontraeldolorajeno/compralas.php

Venga…

¡¡A por las pastillitas!!

Concierto de Navidad

Hace mucho que Artefactum quería dar un concierto de Navidad. De los típicos. De los que meten villancicos y cantan que el Niño Dios ha nacido y todo eso. Pues bien: este es el año.

El programa me resulta muy divertido. Habrá, claro está, villancicos “al  uso” pero añadiremos piezas relacionadas con el invierno. De las tabernarias. De las que nos gustan tanto y  tan bien nos sentimos cuando las tocamos. Van a ser unos días de ensayos intensos pero el resultado sé que va a ser estupendo.

Para el elenco, pensamos que debía ser un concierto como los de antes: solo varones. Esta vez, además de lo usuales (Juan Manuel Rubio, Nacho Gil, Álvaro Garrido, Vicente Parrilla y un servidor) contamos una vez más con Vicente Gavira y se estrena el compañero Alberto Barea. Será el día diecisiete de diciembre en el “Centro cultural Cajasol” de la calle Laraña, en Sevilla.

¿Nos imaginan en los ensayos?

¿Nos  imaginan DESPUÉS de los ensayos?

Qué ganitas.

Bienvenidos

A todos los registrados, y a los que pasáis por aquí: Bienvenidos.

Empezamos (ese plural…) una nueva etapa. Viendo los que ya estáis, y habiéndose registrado el que me faltaba (el de los ojos grandes… el otro ave nocturna… el maestro de maestros… el que me enseña día a día… mi búho), los demás pueden hacerlo poco a poco. Si quieren, por su puesto. Han sido unos días un poco indecisos: ¿Sigo con el blog (primera persona)? ¿Cómo le doy forma? ¿Qué apartados?

Me gusta escribir. Creo que el blog (diario, bitácora… como queramos llamarlo) es una manera de obligarte a ello con la conciencia (ahora la tengo) de que te leen. Y a sabiendas de que mis “artículos”, entradas, o pensamientos, no cambian ni pretenden cambiar el mundo, sí es cierto que es una manera de teneros conmigo. Necesito que sepáis dónde me hallo. Necesito saber dónde os halláis. Por dónde respiro. Por dónde respiráis. En qué pienso y en qué pensáis. Así, en ese nuevo encuentro, podremos seguir cualquier hilo de conversación sin tener que ponernos al día.

Al igual que hace ya tres años, no sé cuánto durará este diario.

No terminé el curso de adivino.

Me quedé con el folleto en la mano.

Estamos cambiándolo todo… o casi todo

Estamos dándole una nueva forma al blog. Pueden visitar mientras tanto nuestros blogs en Blogspot y WordPress Si fallan enlaces, entradas o esas cosas raras que pasan, tened paciencia: estamos aprendiendo.

Gracias

Wagneriana

Estuve en el Maestranza ayer. Noche de ópera. Esta vez le tocaba el turno a “El oro del Rhin”. Fue la primera ópera que me tragué entera. Después vendrían “La valquiria”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”. Cada sábado durante un mes entero, una tras otra. Me enganché a los trece años. Pues bien: esta temporada he asistido a “Cyrano”, “La Traviatta” y ayer a la susodicha “El oro del Rhin”. Se trataba del montaje de “La fura dels baus”. No es que no me gusten ellos, que sinceramente, me gustan poco. Es que me gusta más la ópera, y si, la verdad, los protagonistas no se pueden mover, o tienen limitada la escena por culpa de la cantidad de “cacharritos” que montan… pues… y si le añadimos que los porrazos y ruedas casi apagan al metálico de Wagner… pues… y si se le suma lo que ha costado… y si… En fin. Menos mal que no soy crítico de ningún periódico de prestigio o des-prestigio porque decir que no te ha gustado, sería suicidarse profesionalmente hablando. Parece ser que a esta gente hay que alabarlos en todo lo que hagan. Y por lo visto, las producciones internas (como la que se hizo en su día de “El barbero de Sevilla”) no interesan… no sé por qué.
Afortunadamente, la orquesta suena cada vez mejor. Y eso que en la última escena, las trompas estaban… cómo decirlo… ¿idas?
Tengo en mi dormitorio, en cada mesita de noche (soy clásico en esto y en muchas cosas más) un pequeño altavoz. Van conectados a una pequeña carcasa donde coloco el iPod. Los altavoces los meto dentro de los cajones. Esto hace que no se vean y no se localice la fuente de sonido. Es maravilloso escuchar música por la noche. El volumen no molesta a los vecinos pues solo se escucha en ese cuarto. Me descargué hace tiempo una aplicación para el iPod que consistía en un bucle con sonidos de lluvias y tormentas. Es de lo más relajante. Se duerme apaciblemente de esta manera. Para colmo, otra de las aplicaciones de dicho aparato, hace las funciones de una lamparita que cambia de color. Le hice una pequeña funda con papel pergamino, y ahora además del sonido, se crea un ambiente que me río del rooibos y del valium.
Ventajas de la soltería.

Oriental

Hoy he soñado con Osaka. Me paseaba por ella como si no hubiera pasado el tiempo. Todo estaba “casi” igual. Únicamente había más zonas verdes. Cuando he despertado me han entrado unas ganas locas de volver.

Cosas de los sueños.